lunes, 26 de octubre de 2009

Pequeño poema: Piel quemada largo tiempo


Piel quemada largo tiempo
y el fondo ciego en la niña del ojo
y el peso grave que pones en los aires
de añoranza que ancla tu carne

son los duelos sin ímpetu
que sobrevienen cabizbajos
y arrecian fríos callados
pero violentos como furias perpetuas
en una naturaleza hostil a todos,
por todo.
Vacíos extremos,
apenas el silencio está presente,
compuestos de no sólo nada
y todo lo inexplicable,
inapreciable,
intangible

son enseres que amueblan tu aburrimiento
poblado de atardeceres encajados
sin auras diáfanas,
pero gélidos como témpanos.
Amable la mañana,
el mediodía torna en arcadas
por la fétida irrespirable pasta de azufre,
cieno substrato para el fuelle pulmón alma,
quemado por hielo fuera,
dentro, de pestilencia y sola repugnancia.

sábado, 24 de octubre de 2009

Pequeña "elegía": Para algunos de nosotros


Para algunos de nosotros existe un animal tremendo, inmenso su corazón. Un animal que, probablemente son dos: el puro amigo que imaginamos virtuoso de una virtud ultrahumana en su pueril candor extremo, al que atribuimos las cualidades que nuestro corazón fantasea para él y que nos parece corroborar cada uno de sus gestos; y el animal en su calidad auténtica, calidad que los ojos, chicos y arrugados, de nuestro entendimiento no nos permiten descubrir.

Platero y yo es el mejor, el más científico, tratado que conozco sobre esto. La ciencia de Juan Ramón se desviste de todo método, pero no de protocolo, y se adorna con la palabra hermosa y el sentimiento subjetivo del científico-hombre que impregna de sí mismo el registro minucioso de los casos.

En la búsqueda, o en su encuentro, de una amistad auténtica, sin traiciones, sin intereses puercos, de un amor etéreo, no puedo competir con el hallazgo de Juan Ramón. No puedo hacer un libro a mi fiel perro amigo como él hizo a su esponjoso y apacible borriquillo. Quedaría muy chico al lado de un gigantesco Platero todo rosado de algodón de azúcar en el primer día de feria de un niño pequeño, de la manita con su mamá, limpito, repeinado, acicaladito y perfumado y diluido entre aromas de curtidos, sal, ahumados... Sin embargo, bien podría ser tan grande mi perro en mi corazón como Platero en el suyo.

A mi perro Ata, que, con alguna fea costumbre, sin casta, sin nervio, pero noble como él solo, durmió al final su vida soñada, de viejo, cuando el dolor mismo empezaba a envejecer.

viernes, 23 de octubre de 2009

Pequeño poema: todos los asertos sobre tus gracias


Todos los asertos sobre tus gracias,
el centro de cálculo de tu belleza
(donde autómatas dolientes computan tus altas finuras
y aciertan, a marchitar, cada vez más baldíos,
sin una lágrima en su favor,
que a nadie importa su pérdida),
las esperas, las dudas, los temores; del destino, su cerrazón;

el primer pensamiento del día,
la dulce ilusión que induce al sueño y su virtud extrema,
el ábaco exacto
(que opera con minuciosas maneras, bondades,
merecidas penas y apacible gesto),
el temblor de piernas, el pálpito, la quemazón, los pretextos;
de cada instante robado, la búsqueda de tus pupilas;

la avidez de mi afecto,
mi necia pesadez,
ateridas lejanías de más de un segundo de paralaje
(en cuya estima caen muertos, como hadas sin crédito,
los ingenios por súbita congelación),
la impresión de ser molesto, las ganas de dar por perdido;
de lo sumamente indeseable, tu incomodidad;

la invariable, un imposible,
la indeterminación para dos infinitos de distinta magnitud
(en que pierden la cuenta máquinas para la aflicción
recitando esta plañidera por el débito a tus lindezas),
la terrible presión en el pecho, los cambios de humor,
el saberme inerme...
De éstas y otras más cosas, una sola palabra es madre: ‘tú’.

jueves, 22 de octubre de 2009

Pequeño poema: Alto ámbito eres


Alto ámbito eres de mis alientos.
Y no por darte palabras de ensueño,
ni ofrecerte inflamada, toda, al viento,
ni verterme el cuerpo,
ni barca,
ni casco,
ni gracia,
ni invento,
ni Aleixandre entero,
ni tu frente,
ni mi beso,
ni leve suspiro,
ni grave secreto
(el de también secreta la luz de tus pechos,
contornos de fuego)
se hará nada nuestro, de amor o destierro,
acechanzas o duelo.

Mirado en ti,
mírame tuyo de pensamiento,
que no he de ser yo,
maltrecho desdeñado cuerpo,
lo que te pasa
en los ojos,
en la noche,
el roce,
la bebida,
el exceso
o en lo profundo de los adentros.
Ni solución, ni remedio,
infame gozo, ni esmero.

martes, 13 de octubre de 2009

Pequeño poema: Oteada flor inexacta


Oteada flor inexacta,
imperecedera, improbable, baldía,
fiera raíz asistida por pétalos de carne deshojada;

en tu tallo impenetrable:
ondada savia de cánticos insondables,
ensordecedor silencio hablado,
quietud molesta y chirriante,
murmullo atroz desgarrado,
susurrado miedo de los hombres.

Quiero ser también tu aljibe descuidada
en quehaceres estériles que distraen las voluntades.